Solo en Cuba sabe a dicha, porque allá cerdo asado es igual a familia

Cerdo, marrano, cochino, puerco asado, chancho al palo… nombres hay cientos, pero sabor…sabor solo hay uno, el de Cuba.

Ese día todos se levantan casi de madrugada, nadie está ocioso. Se escoge el mejor cochino, se
pone a hervir el agua, papá le da la puñalada, a veces le acierta al corazón, otras hay que
perseguirlo por todo el lugar.

Desde temprano se siente el ajetreo en las casas del barrio, el humo comienza a salir de sus patios, los carbones al rojo vivo anuncian la hora de poner el palo. Los hombres de la casa se turnan para darle vueltas, una y otra vez hasta que el delicioso aroma inunda el aire, no importa en qué parte de la isla estés, ese día en todos lados huele a gloria.

Un vecino pide un cuchillo, otro un poquito de sal, los niños corren de casa en casa llevando recados y mandados. Al final del día están las orejas y la cola listas, bien crujientes sirven de preámbulo, pero todavía no, dice mamá que el resto aún no está listo.

Llega la noche y por fin está, el abuelo corta el primer pedazo y se lo da a su nieto favorito, aunque diga que los quiere a todos por igual. Abuela trae los platos, con el congrí servido, un poquito de yuca con mojito y ensalada de lechuguita y tomate para hacerlo pasar por comida saludable.

Llegan las doce y se ilumina el cielo con fuegos artificiales, al menos una parte, la que se puede ver de
lejos, desde azoteas y ventanas. Así espera la familia cubana la llegada del nuevo año.

A los que nos fuimos de Cuba, estas fechas nos traen recuerdos, la nostalgia es inevitable;
porque no era solo un puerco asado, ni una yuca con mojito, era todo un año cargado de
luchas, de risas y llanto, era la cena cúspide que celebraba la victoria de haber sobrevivido
otros 365 días.

Asar un puerco era dejar ir en ese humo todas las cargas del año, era decir, lo logré, hasta aquí llegué y como mismo lo hice ahora lo haré el año que viene, y el siguiente y el otro más.

Era mirar a la cocina y ver a tu abuelita peleando con tu mamá porque puso a hacer muy poco arroz y preocupada por si se ablandaron bien los frijoles, o a tu tía haciendo las chicharritas y tostones con poco aceite para que alcance, abuelo y tío tomándose su cervecita fría para aliviar el calor del sol y el fuego, combinación mortal de cada año, mientras se turnaban para girar el palo.

Los que nos fuimos intentamos continuar la tradición afuera, pero es inútil, solo en Cuba sabe a dicha porque allá cerdo asado es igual a familia, a fiesta, a esperanza, tiene un gustito a amor con una pizca de trabajo en equipo, una cucharadita de solidaridad y una tonelada de familia.

Desde MiradaCubana les deseamos,  Feliz fin de año!!!

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